Termine de comer temprano como en ocasiones suelo hacer. Me quede un buen rato leyendo el libro de turno, esta vez de sexo, aunque nada prosaico. Me leí dos capítulos de un tirón. Es agradable lograr viajar con las historias escritas, a través de tubos que conducen a universos desconocidos. Tiene sentido lo que decía mi padre cuando me reclamaba que no me gustaba leer y me decía que no tirara los libros. Los libros son jollas extraídas de la materia gris de un desconocido. Son pedazos de un universo ajeno. Es la voz de alguien que desea ser escuchada. Es comunicación, expresión, es otro mundo, otra vida, otro universo.
Casi terminando el segundo capitulo, cuando iba por la pagina 57 aproximadamente, comencé a cabecear de sueño. Es el anuncio de que es hora de volver a la oficina y cabecear en un lugar mas intimo. La siestecita de la tarde es una alarma del cuerpo que se agudiza cuando lees un libro sin imagenes, cuando has comido pan al medio día y cuando haces que la grasa de relleno se acompañe con un poco de soda. Toda necesidad debe de ser satisfecha, pero por desgracia, en esta media isla tropical es difícil encontrar un empleo que respete el derecho a la siesta después del almuerzo.
Recién acabado los años mozos, de colegio en la mañana y basketball y muñequitos en la tarde, en momentos en que me correspondía comenzar a pensar como costear la venidera carrera universitaria --tiempo en que anhelaba ser enteramente independiente, poder manejar mi dinero -- imaginaba que los trabajos eran como lo pintaban los pocos empleados públicos que conocía. Hacían las historias de llegar a las 9, comer a las 12, dormir hasta las 2:30 para luego levantarse y buscar los motetes para irse a su casa. Por desgracia encontré un empleo de esos que me tenia que levantar a las 5:30 para tomar vehículo temprano y llegar antes de las 7 a la zona franca.
Ya que nos toco vivir en este país donde no se respeta la siesta del medio día, y que te son descontadas las horas que no laboras, y que te levantas temprano para vivir la odisea de la hora pico. Es recomendable actuar con prudencia y salir con sombrilla, que aunque no tiene nada que ver con todo lo antes relatado, es muy cierto que si el agua no te moja, el sol te ha de quemar.
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